Los placeres y los dias
Los placeres y los dias El sol se ha quedado dormido esta mañana en el jardín de las Tullerías, alternativamente, sobre todos los escalones de piedra, como un adolescente rubio cuyo sueño ligero interrumpe en seguida el pasaje de una sombra. Verdean jóvenes brotes contra el viejo palacio. El soplo deI viento encantado mezcla con el perfume del pasado el fresco olor de las lilas. Las estatuas que sobre nuestras plazas públicas espantan como locas, sueñan aquí en las espesuras como unos sabios bajo el verdor luminoso que protege su blancura. Los estanques, en cuyo fondo se pavonea el cielo azul, lucen como miradas. De la terraza al borde del agua se advierte, al salir del antiguo barrio del muelle de Orsay, un húsar que pasa, sobre la otra ribera y como en otro siglo. Las campanillas desbordan con locura en los vasos coronados de geranios. Ardiente de sol, el heliotropo quema sus perfumes. Frente al Louvre, se abalanzan malvas rosas, ligeras como mástiles, nobles y graciosas como columnas, ruborizadas como muchachas. Irisados de sol y suspirando de amor, los surtidores se elevan al cielo. Al extremo de la Terraza, un jinete de piedra lanzado, sin moverse, a un galope descabellado, con los labios pegados a una alegre trompeta, encarna todo el ardor de is Primavera.