Los placeres y los dias
Los placeres y los dias Pero el cielo se ha oscurecido y va a llover. Los estanques en donde ya no brilla ningún azul, parecen ojos vacíos de miradas o vasos llenos de lágrimas. El surtidor absurdo, castigado por la brisa, eleva cada vez más ligero hacia el cielo su himno ahora irrisorio. La inútil dulzura de las lilas tiene una infinita tristeza. Y allá, a rienda suelta, excitando con los talones de mármol, en un movimiento furioso a inmóvil, el galope vertiginoso y fijo de su caballo, el jinete inconsciente toca la trompeta sin fin sobre el cielo negro.
II. VERSALLES
«Un canal que hace soñar a los más conversadores en cuanto se le acercan y en donde siempre me siento feliz, esté alegre o triste».
Carta de Balsac al señor de Lamothe —Aigron