Los placeres y los dias
Los placeres y los dias —¿Partimos mañana? —preguntaba el duque.
—Pasado mañana —contestaba Violante.
Luego el duque dejó de interrogarla. A Agustín, que se lamentaba, Violante le escribió:
“Volveré cuando sea algo más vieja”. “¡Ah!, —contestó Agustín—, les entregáis deliberadamente vuestra juventud; ya no volveréis a vuestra Styria”. Nunca volvió. Joven, se había quedado en sociedad para ejercer la realeza de elegancia que conquistara casi niña aún. Vieja, continuó para defenderla. Fue en vano. La perdió. Y cuando murió, estaba tratando inútilmente aún de reconquistarla. Agustín había contado con el asco. Pero no contó con una fuerza que si la alimenta ante todo la vanidad, vence al asco, al desprecio, al mismo aburrimiento: y es la costumbre.
Agosto de 1892.