Los placeres y los dias
Los placeres y los dias Mallarmé no tiene más talento pero es un conversador brillante. ¡Qué desgracia que un hombre tan bien dotado enloquezca cada vez que toma la pluma! Singular enfermedad, que les parecía inexplicable. Maeterlinck asusta, pero por medios materiales a indignos del teatro; el arte conmueve como un crimen, es algo horrible. Por otra parte, su sintaxis es miserable.
Lo criticaron ingeniosamente, parodiando su diálogo bajo forma de conjugación: “He dicho que había entrado la mujer. —Has dicho que había entrado la mujer. —Habéis dicho que había entrado la mujer. —¿Por qué se ha dicho que había entrado la mujer?”.
Pécuchet quería enviar ese pequeño trozo a la “Revue des Deux Mondes”, pero era más hábil, según Bouvard, reservarlo para, un salón de moda. Serían clasificados de primera intención de acuerdo a sus méritos. Podían entregarlo muy bien más tarde a una revista. Y los primeros confidentes de ese rasgo de ingenio, al leerlo luego quedarían halagados retrospectivamente de haber conocido su primicia.