El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro —Parece que lo estoy viendo… —¿Era guapo?
—¡Que si era guapo! Un muchacho en la flor de la vida, rico… Un día fue hasta el órgano, a hablar conmigo: «Mira lo que he hecho», me dijo. Era una partitura. Abría en re menor. Se puso a tocar, a tocar… ¡Ay, mi niña querida, qué música! ¡Pero no recuerdo el resto!
Y el viejo, emocionado, repitió al piano las notas dolientes de la meditación en re menor.