El crimen del padre Amaro

El crimen del padre Amaro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Amélia se soltó, quedó ante él, sofocada, con el rostro en una brasa, recomponiendo con manos trémulas el peinado y los pliegues de la manta de lana alrededor del cuello.

Amaro le dijo:

—¡Améliazinha!

Pero ella, de repente, recogió el vestido, echó a correr a lo largo del muro. Amaro la siguió aturdido, a grandes zancadas. Cuando llegó a la cancela, Amélia hablaba con el casero, que había aparecido con la llave.

Cruzaron el campo bordeando la acequia, después el sendero emparrado. Amélia iba delante hablando con el casero; y detrás Amaro, cabizbajo, muy triste. Al llegar a la casa, Amélia se detuvo, ruborizándose, sin dejar de arreglar la manta alrededor del cuello:

—Oiga, Antonio —dijo—, acompañe al señor párroco hasta el portón. Muy buenas tardes, señor párroco.

Y a través de las tierras húmedas corrió hacia el otro extremo de la quinta, hacia la parte del olivar.

Doña María da Assunção todavía estaba allí, sentada sobre una piedra, paliqueando con el tío Patricio; un grupo de mujeres alrededor golpeaba con grandes varas las ramas de los olivos.

—¿Qué haces, tonta? ¿De dónde vienes corriendo, chiquilla? ¡Qué loca!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker