El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro Sin embargo, instintivamente, comenzó a detestar a Amaro. Siempre había sido enemigo de los curas; los juzgaba «un peligro para la civilización y para la libertad»; los suponía intrigantes, de costumbres lujuriosas y siempre conspirando para restablecer «las tinieblas de la Edad Media»; odiaba la confesión, a la que creía un arma terrible contra la paz del hogar, y profesaba una religión vaga, hostil al culto, a los rezos, a los ayunos, llena de admiración por el Jesús poético, revolucionario, amigo de los pobres, y «por el sublime espíritu de Dios que colma el universo entero». Sólo oía misa desde que amaba a Amélia, para agradar a la Sanjoaneira.