El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro Con mucha cautela fue a enseñarle el artículo al doctor Godinho, a quien le pareció «una catilinaria atroz». Entre el doctor Godinho y la Iglesia había apenas un berrinche: él reconocía, en general, la necesidad de la religión entre las masas; su esposa, la bella doña Cándida, tenía además inclinaciones devotas y empezaba a decir que aquella guerra del periódico al clero le producía grandes remordimientos; y el doctor Godinho no quería provocar odios innecesarios entre los curas, previendo que su amor por la paz doméstica, los intereses del orden y su deber de cristiano lo forzarían muy pronto a una reconciliación, «muy en contra de mi parecer, pero…».
Por eso le dijo a Agostinho, secamente:
—Esto no puede salir como artículo de la redacción, debe aparecer como un comunicado. Cumpla estas órdenes.
Y Agostinho le anunció al escribiente que la cosa se publicaba como un «comunicado», firmado: «Un liberal». João Eduardo terminaba su artículo exclamando: «¡Alerta, madres de familia!». Agostinho sugirió que este final alerta podía dar lugar a la réplica jocosa «¡Alerta está!». Y después de muchas vueltas se decidieron por este cierre: «¡Cuidado, sotanas negras!».
El domingo siguiente apareció el comunicado, firmado por «Un liberal».