El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro —La autoridad tiene el deber de proteger la religión del Estado e, implícitamente, a sus sacerdotes… Téngalo presente Su Excelencia, yo no vengo aquí en nombre del clero… —Y añadió, con la mano sobre el pecho—: Soy apenas un pobre cura sin influencia… Vengo, como particular, a preguntarle al señor secretario general si se puede permitir que figuras respetables de la Iglesia diocesana sean difamadas de ese modo…
—Es verdaderamente lamentable que un periódico…
Natário interrumpió, enderezando el torso con indignación:
—Periódico que ya debería estar suspendido, ¡señor secretario general!