El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro Todas las mujeres, instintivamente, se alejaron del aparador donde yacía abierto el Panorama fatal, agrupándose, con un estremecimiento de miedo, ante aquella idea de la excomunión, que se les representaba como un alud de catástrofes, un diluvio de rayos salidos de las manos del Dios Vengador, y allí quedaron mudas, en un semicírculo aterrorizado alrededor de Natário, quien, con el abrigote sobre los hombros y los brazos cruzados, gozaba del efecto de su revelación.
Entonces la Sanjoaneira, en su asombro, se arriesgó a preguntar:
—Señor padre Natário, ¿está usted hablando en serio?
Natário se indignó:
—¿Si estoy hablando en serio? ¡Ésa sí que es buena! ¿Iba yo a bromear sobre un caso de excomunión, señora? ¡Pregúntele al señor canónigo si estoy de broma!
Todos los ojos se volvieron hacia el canónigo, aquella inagotable fuente de saber eclesiástico.