El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro De este modo había llegado a sentir odio por todo el mundo secular, que podría atraerla, sacarla de la sombra de su sotana. Le impedía, con pretextos complicados, toda comunicación con la ciudad. Incluso convenció a la madre para que no la dejase ir sola a la arcada y a las tiendas. Y no cesaba de representarle a los hombres como monstruos de impiedad, cubiertos de una costra de pecados, estúpidos y falsos, ¡destinados al infierno! Le contaba cosas horrorosas de casi todos los jóvenes de Leiría. Ella le preguntaba, asustada pero curiosa:
—¿Cómo lo sabes?
—No puedo decírtelo —respondía con reticencia, dando a entender que le cerraba los labios el secreto de confesión.