El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro Ella no respondía. Pero en su casa, cuando se iba acercando el día del rendez-vous, empezaba a temblar ante la idea de aquella voz que le atronaba continuamente en los oídos y que escuchaba en sueños. Y este terror iba despertándola lentamente del adormecimiento en que todo su ser había caído en brazos del párroco. Se interrogaba ahora: ¿no estaría cometiendo un pecado irremisible? Las afirmaciones de Amaro, asegurándole el perdón del Señor, ya no la tranquilizaban. Ella veía perfectamente cuando la Totó aullaba, que una palidez cubría el rostro del párroco, como si le recorriese el cuerpo el escalofrío de un infierno entrevisto. Y si Dios los disculpaba, ¿por qué dejaba entonces que el demonio les arrojase, a través de la voz de la paralítica, la injuria y el escarnio?