El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro Refugiada en aquellas dos protecciones, gozó de una paz adorable durante las últimas semanas de octubre. Los días eran muy serenos y muy templados. Se estaba bien en la terraza por la tarde, en aquella quietud otoñal de los campos. A veces el doctor Gouveia se encontraba con el abad Ferrão; se estimaban; después de la visita a la vieja, iban a la terraza y empezaban con sus eternos debates sobre religión y sobre moral.