El crimen del padre Amaro

El crimen del padre Amaro

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Dos meses más tarde se supo en Leiría que había sido nombrado otro párroco. Se decía que era un hombre muy joven recién salido del seminario. Se llamaba Amaro Vieira. Se atribuía su elección a influencias políticas y el periódico de Leiría, A Voz do Distrito, que estaba en la oposición, habló con amargura, citando el Gólgota, del «favoritismo de la corte» y de la «reacción clerical». Algunos curas se habían escandalizado por el artículo; se conversó sobre ello, agriamente, en presencia del señor chantre.

—No, no, favor claro que hay; y el hombre tiene padrinos claro que los tiene —decía el chantre—. A mí me ha escrito Brito Correia para confirmármelo. —Brito Correia era entonces ministro de Justicia—. Hasta me dice en la carta que el párroco es un hermoso mocetón. De manera que —añadió sonriendo con satisfacción— después de «fray Hércules» vamos a tener tal vez a «fray Apolo».

En Leiría sólo había una persona que conocía al nuevo párroco; era el canónigo Dias, que había sido, en los primeros años del seminario, su profesor de moral. En aquel tiempo, decía el canónigo, el párroco era un muchacho menudo, apocado, lleno de granos…

—¡Me parece que lo estoy viendo, con la sotana muy gastada y cara de tener lombrices!… ¡Por lo demás, buen chico!

Y despabiladote…


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