El crimen del padre Amaro

El crimen del padre Amaro

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El canónigo Dias era muy conocido en Leiría. Últimamente había engordado, el vientre sobrante le llenaba la sotana; y su cabecita agrisada, las ojeras carnosas, el labio espeso hacían recordar viejas anécdotas de frailes lascivos y glotones. El tío Patricio, «el Viejo», un comerciante de la plaza, muy liberal, que cuando pasaba junto a los curas gruñía como un viejo perro guardián, decía algunas veces al verlo atravesar la plaza, pesado, rumiando la digestión, apoyado en el paraguas:

—¡Menudo tunante! ¡Si parece Dom João VI!

El canónigo vivía solo con una hermana mayor, la señora doña Josefa Dias, y una criada a la que todos conocían en Leiría, siempre en la calle, envuelta en un chal teñido de negro y arrastrando pesadamente sus zapatillas de orillo. El canónigo Dias pasaba por ser rico: tenía propiedades arrendadas junto a Leiría, comía pavo y era famoso su vino Duque de 1815. Pero el hecho destacado en su vida, el hecho comentado y murmurado era su antigua amistad con la señora Augusta Caminha, a quien todos llamaban Sanjoaneira por ser natural de São João da Foz. La Sanjoaneira vivía en la Rua da Misericórdia y admitía huéspedes. Tenía una hija, Amelinha, una muchachita de veintitrés años, hermosa, sana, muy deseada.


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