El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro —Bien, Dionísia, me parece que lo único que se puede hacer es hablar con la tal ama, la que vive al lado de A Ricoça, la Joana Carreira. Yo arreglaré eso…
La Dionísia le habló aún de las prendas del ajuar que ya había comprado por cuenta del párroco, de una cuna muy barata de segunda mano que había visto en la de Zé el carpintero. E iba a salir con la carta para el correo, cuando el párroco, levantándose y riéndose:
—Oiga Dionísia, eso de la tejedora de ángeles es un cuento, ¿verdad?
Entonces la Dionísia se escandalizó. El señor párroco sabía que ella no era mujer de cuentos. Conocía a la tejedora desde hacía más de ocho años, de hablarle y de verla en la ciudad casi todas las semanas. Todavía el sábado pasado la había visto salir de la taberna del Grego… ¿Había ido el señor párroco alguna vez a A Barrosa?
Aguardó la respuesta del párroco y continuó:
—Pues bien, ¿sabe dónde empieza la parroquia? Hay un muro caído. Después un sendero que baja. Al fondo de ese senderito se encuentra un pozo aterrado. Delante, sola, hay una casita que tiene un cobertizo. Ahí vive ella… Se llama Carlota… ¡Para que vea que sé, amiguito!