El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro ¡Y qué delicia para João Eduardo aquellos paseos con los mayorazguitos en la yegua baya! Nunca dejaba de ir a la ciudad; el sonido de los cascos contra el empedrado le hacía latir con fuerza el corazón. Pasaba por delante de Amparo la de la botica, por delante de la notaría de Nunes, que tenía su mesa junto a la ventana, por delante de la arcada, por delante del señor alcalde que continuaba en su balcón con el binóculo dirigido hacia la mujer de Teles… y su disgusto era no poder entrar con la yegua, los mayorazguitos y el lacayo en el escritorio del doctor Godinho, que estaba en el interior de la casa.