El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro —Pero cuando se manifiestan en el pequeño los primeros síntomas de razón —continuaba el doctor—, cuando se hace necesario que tenga, para distinguirse de los animales, una noción de sí mismo y del universo, entonces la Iglesia entra en su casa ¡y se lo explica todo! ¡Todo! Tan completamente que un picaruelo de seis años que aún no sabe el b-a ba ¡tiene una ciencia más vasta, más segura, que las reales academias de Londres, Berlín y París juntas! El mocoso no duda ni un instante para decir cómo se hicieron el universo y sus sistemas planetarios; cómo apareció la vida en la tierra; cómo evolucionaron las razas; cómo ocurrieron las revoluciones geológicas del globo terrestre; cómo se formaron las lenguas; cómo se inventó la escritura… Lo sabe todo: posee de forma completa e inmutable la regla para dirigir todas sus acciones y formar todos sus juicios; tiene incluso la solución de todos los misterios; aunque sea miope como un topo, ve lo que pasa en las profundidades de los cielos y en el interior del globo; sabe, como si no hubiese hecho otra cosa que asistir a ese espectáculo, lo que le sucederá después de morir… No hay enigma que no resuelva… Y cuando la Iglesia ha hecho de este retaco semejante maravilla del saber, entonces le manda aprender a leer… Lo que yo me pregunto es: ¿para qué?
El abad estaba demudado de indignación.