El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro —Bien. ¿Sabe a quién vi hace unos días? A la Dionísia.
—¿Y qué tal?
El canónigo dijo una palabra en voz baja al oído del padre Amaro.
—¿De veras, profesor?
—En la Rua das Sousas, a dos pasos de su antigua casa. Fue don Luis da Barrosa quien le dio el dinero para montar el establecimiento. Pues éstas son las novedades. ¡Y usted está más fuerte, hombre! Le ha sentado bien la mudanza… —Y poniéndose delante de él, bromeando—: Oiga Amaro, y usted escribiéndome que quería retirarse a la montaña, irse a un convento, pasar la vida en penitencia…
El padre Amaro se encogió de hombros:
—¿Qué quiere usted, profesor?… En aquellos primeros momentos… ¡Créame que me costó! Pero todo pasa…
—Todo pasa —dijo el canónigo. Y después de una pausa—: ¡Ah! ¡Pero Leiría ya no es Leiría!
Pasearon un momento en silencio, rememorando el pasado, las divertidas partidas de lotería de la Sanjoaneira, las tertulias tomando el té, los paseos a O Morenal, el Adeus y el Descrido cantados por Artur Couceiro y acompañados por la pobre Amélia, que ahora dormía en el cementerio de Os Poiais bajo las flores silvestres…