El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro —Vean —decía el conde—: vean toda esta paz, esta prosperidad, esta alegría… Señores, ¡verdaderamente no me extraña que seamos la envidia de Europa!
Y el hombre de Estado, los dos hombres de religión, los tres en línea junto a la verja del monumento, disfrutaban con la cabeza bien alta aquella gloriosa certeza de la grandeza de su país, allí, al pie de aquel pedestal, bajo la fría mirada de bronce del viejo poeta, erguido y noble, con sus anchos hombros de caballero fuerte, la Epopeya sobre el corazón, la espada firme, rodeado por los cronistas y los poetas heroicos de la antigua patria, ¡patria para siempre ida, memoria casi perdida!
Octubre de 1878-Octubre de 1879