La vida del Buscon
La vida del Buscon En esto pasaron el camino hasta su casa, que era en la calle del Arenal a San Filipe.[32] Nosotros nos fuimos a casa juntos, como la otra noche. Pidiéronme que jugase, cudiciosos de pelarme.[33] Yo entendíles la flor y sentéme.[34] Sacaron naipes; estaban hechos.[35] Perdí una mano. Di en irme por abajo y ganéles cosa de trecientos reales;[36] y, con tanto, me despedí y vine a mi casa.
Topé a mis compañeros, licenciado Brandalagas y Pero López, los cuales estaban estudiando en unos dados tretas flamantes. En viéndome, lo dejaron, cudiciosos de preguntarme lo que me había sucedido. Yo venía cariacontecido y encapotado;[37] no les dije más de que me había visto en un grande aprieto. Contéles cómo me había topado con don Diego y lo que me había sucedido. Consoláronme, aconsejando que disimulase y no desistiese de la pretensión por ningún camino ni manera.