La vida del Buscon
La vida del Buscon En esto, supimos que se jugaba en casa de un vecino boticario juego de parar.[38] EntendÃalo yo entonces razonablemente, porque tenÃa más flores que un mayo y barajas hechas lindas.[39] Determinámonos de ir a darles un muerto (que asà se llama el enterrar una bolsa);[40] invié los amigos delante, entraron en la pieza y dijeron si gustarÃan de jugar con un fraile que acababa de llegar a curarse en cas de unas primas suyas,[41] que venÃa enfermo y traÃa talegos como el brazo y una calza de doblones.[42] Crecióles a todos el ojo y clamaron:[43]
—¡Venga el fraile norabuena!
—Es hombre grave en la orden —replicó Pero López— y, como ha salido, se quiere entretener, que él más lo hace por la conversación.[44]
—Venga, y sea por lo que fuere.
—No ha de entrar nadie de fuera, por el recato —dijo Brandalagas.
—No hay tratar deso —respondió el güésped—; ni criados.[45]