La vida del Buscon

La vida del Buscon

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Venimos a casa a la una y media y acostámonos después de haber partido la ganancia. Consoléme con esto algo de lo sucedido y, a la mañana, me levanté a buscar mi caballo y no hallé por alquilar ninguno; en lo cual conocí que había otros muchos como yo. Pues andar a pie pareciera mal, y más entonces, fuime a San Filipe y topéme con un lacayo de un letrado, que tenía un caballo y le aguardaba,[59] que se había acabado de apear a oír misa. Metíle cuatro reales en la mano, porque, mientras su amo estaba en la iglesia, me dejase dar dos vueltas en el caballo por la calle del Arenal, que era la de mi señora.

Consintió, subí en el caballo y di dos vueltas calle arriba y calle abajo sin ver nada; y, al dar la tercera, asomóse doña Ana. Yo, que la vi y no sabía las mañas del caballo ni era buen jinete, quise hacer galantería: dile dos varazos, tiréle de la rienda; empínase y, tirando dos coces, aprieta a correr y da conmigo por las orejas en un charco.[60] Yo, que me vi así, y rodeado de niños que se habían llegado y delante de mi señora, empecé a decir:

—¡Oh, hi de puta! ¡No fuérades vos valenzuela![61] Estas temeridades me han de acabar. Habíanme dicho las mañas, y quise porfiar con él.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker