La vida del Buscon

La vida del Buscon

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—De donde sacan y no pon, hijo don Filipe, presto llegan al hondón; de tales polvos, tales lodos; de tales bodas, tales tortas. Yo no te entiendo, ni sé tu manera de vivir; mozo eres, no me espanto que hagas algunas travesuras sin mirar que, durmiendo, caminamos a la güesa:[23] yo, como montón de tierra,[24] te lo puedo decir. ¡Qué cosa es que me digan a mí que has desperdiciado mucha hacienda sin saber cómo y que te han visto aquí ya estudiante, ya pícaro y ya caballero, y todo por las compañías! Dime con quién andas, hijo, y diréte quién eres; cada oveja con su pareja.[25] Sábete, hijo, que de la mano a la boca se pierde la sopa.[26] Anda, bobillo, que si te inquietaban mujeres, bien sabes tú que soy yo fiel perpetuo,[27] en esta tierra, de esa mercaduría y que me sustento de las posturas, así que enseño como que pongo,[28] y que nos damos con ellas en casa;[29] y no andarte con un pícaro y otro pícaro, tras una alcorzada y otra redomadona,[30] que gasta las faldas con quien hace sus mangas.[31] Yo te juro que hubieras ahorrado muchos ducados si te hubieras encomendado a mí, porque no soy nada amiga de dineros. Y por mis entenados y difuntos,[32] y así yo haya buen acabamiento, que aun lo que me debes de la posada no te lo pidiera agora, a no haberlo menester para unas candelicas y hierbas[33] —que trataba en botes,[34] sin ser boticaria, y, si la untaban las manos,[35] se untaba y salía de noche por la puerta del humo.[36]


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