La vida del Buscon
La vida del Buscon Yo, que vi que había acabado la plática y sermón en pedirme, que, con ser su tema, acabó en él, y no comenzó, como todos hacen,[37] no me espanté de la visita,[38] que no me la había hecho otra vez mientras había sido su güésped, si no fue un día que me vino a dar satisfaciones de que había oído que me habían dicho no sé qué de hechizos y que la quisieron prender y escondió la calle;[39] vínome a desengañar y a decir que era otra de su nombre.[40]
Yo la conté su dinero y, estándosele dando, la desventura, que nunca me olvida, y el diablo, que se acuerda de mí, trazó que la venían a prender por amancebada y sabían que estaba el amigo en casa.[41] Entraron en mi aposento; como me vieron en la cama, y a ella conmigo, cerraron con ella y conmigo y diéronme cuatro o seis empellones muy grandes y arrastráronme fuera de la cama.[42] A ella la tenían asida otros dos, tratándola de alcagüeta y bruja. ¡Quién tal pensara de una mujer que hacía la vida referida!