La vida del Buscon
La vida del Buscon «De sus buenos sucesos, antes aguardo los parabienes que los doy, y me pesara dello a no saber que mi voluntad y su provecho es todo uno. Podemos decir que ha vuelto en sí. No resta agora sino perseverancia que se mida con la que yo tendré. El locutorio dudo por hoy, pero no deje de venirse V. Md. a vísperas,[54] que allí nos veremos, y luego por las vistas,[55] y quizá podré yo hacer alguna pandilla a la abadesa.[56] Y adiós», etc.
Contentóme el papel, que realmente la monja tenía buen entendimiento y era hermosa. Comí y púseme el vestido con que solía hacer los galanes en las comedias; fuime derecho a la iglesia, recé y luego empecé a repasar todos los lazos y agujeros de la red con los ojos, para ver si parecía, cuando, Dios y enhorabuena, que más era diablo y en hora mala, oigo la seña antigua:[57] empieza a toser, y yo a toser; y andaba una tosidura de Barrabás. Arremedábamos un catarro, y parecía que habían echado pimiento en la iglesia. Al fin, yo estaba cansado de toser, cuando se me asoma a la red una vieja tosiendo, y eché de ver mi desventura; que es peligrosísima seña en los conventos, porque, como es seña a las mozas, es costumbre en las viejas, y hay hombre que piensa que es reclamo de ruiseñor, y le sale después graznido de cuervo.