La vida del Buscon
La vida del Buscon Y, tomando el cuchillo por el cuerno,[36] picóle con la punta y asomándole a las narices, trayéndole en procesión por la portada de la cara, meciendo la cabeza dos veces, dijo:
—Conforta realmente y son cordiales—, que era grande adulador de las legumbres.[37]
Repartió a cada uno tan poco carnero,[38] que, entre lo que se les pegó en las uñas y se les quedó entre los dientes, pienso que se consumió todo, dejando descomulgadas las tripas de participantes.[39] Cabra los miraba y decÃa:
—Coman, que mozos son y me huelgo de ver sus buenas ganas.
¡Mire V. Md. qué aliño para los que bostezaban de hambre! Acabaron de comer y quedaron unos mendrugos en la mesa y, en el plato, dos pellejos y unos güesos; y dijo el pupilero:
—Quede esto para los criados, que también han de comer. No lo queramos todo.
—¡Mal te haga Dios y lo que has comido, lacerado —decÃa yo—, que tal amenaza has hecho a mis tripas![40]
Echó la bendición y dijo:
—Ea, demos lugar a la gentecilla que se repapile,[41] y váyanse hasta las dos a hacer ejercicio, no les haga mal lo que han comido.