La vida del Buscon

La vida del Buscon

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—Señor, ¿sabéis de cierto si estamos vivos? Porque yo imagino que, en la pendencia de las berceras, nos mataron, y que somos ánimas que estamos en el purgatorio. Y así, es por demás decir que nos saque vuestro padre, si alguno no nos reza en alguna cuenta de perdones y nos saca de penas con alguna misa en altar previlegiado.[55]

Entre estas pláticas y un poco que dormimos, se llegó la hora de levantar. Dieron las seis, y llamó Cabra a lición. Fuimos y oírnosla todos.[56] Mandáronme leer el primer nominativo a los otros, y era de manera mi hambre, que me desayuné con la mitad de las razones, comiéndomelas.[57] Y todo esto creerá quien supiere lo que me contó el mozo de Cabra, diciendo que una cuaresma topó muchos hombres, unos metiendo los pies, otros las manos y otros todo el cuerpo, en el portal de su casa, y esto por muy gran rato, y mucha gente que venía a sólo aquello de fuera; y, preguntando a uno un día que qué sería (porque Cabra se enojó de que se lo preguntase), respondió que los unos tenían sarna y los otros sabañones y que, en metiéndolos en aquella casa, morían de hambre, de manera que no comían desde allí adelante.[58] Certificóme que era verdad, y yo, que conocí la casa, lo creo. Dígolo porque no parezca encarecimiento lo que dije.


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