La vida del Buscon

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Otro abrió un breviario; hiciéronle creer que estaba endemoniado, hasta que él mismo dijo lo que era y pidió que le dejasen enjaguar la boca con un poco de vino,[40] que él traía bota. Dejáronle, y, sacándola, abrióla y, echando en un vaso un poco de vino, salió con la lana y estopa un vino salvaje, tan barbado y velloso, que no se podía beber ni colar.[41] Entonces acabó de perder la paciencia el viejo, pero, viendo las descompuestas carcajadas de risa, tuvo por bien el callar y subir en el carro con los rufianes y las mujeres. Los estudiantes y el cura se ensartaron en dos borricos,[42] y nosotros nos subimos en el coche; y no bien comenzó a caminar cuando unos y otros nos comenzaron a dar vaya,[43] declarando la burla. El ventero decía:

—Señor nuevo, a pocas estrenas como ésta, envejecerá.[44]

El cura decía:

—Sacerdote soy; allá se lo diré de misas.[45]

Y el estudiante maldito voceaba:

—Señor primo, otra vez rásquese cuando le coman y no después.[46]

El otro decía:

—Sarna de V. Md., señor don Diego.[47]

Nosotros dimos en no hacer caso; Dios sabe cuán corridos íbamos.


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