La vida del Buscon
La vida del Buscon —Señor, yo he venido desde Sevilla siguiendo seis hombres los más facinorosos del mundo, todos ladrones y matadores de hombres, y entre ellos viene uno que mató a mi madre y a un hermano mÃo por saltearlos,[49] y le está probado esto. Y vienen acompañando, según los he oÃdo decir, a una espÃa francesa;[50] y aun sospecho por lo que les he oÃdo, que es… —y, bajando más la voz, dije— Antonio Pérez.[51]
Con esto, el corregidor dio un salto hacia arriba y dijo:
—¿Y dónde están?
—Señor, en la casa pública.[52] No se detenga V. Md., que las ánimas de mi madre y hermano se lo pagarán en oraciones, y el Rey acá.
—¡Jesús! —dijo—, no nos detengamos. ¡Hola, seguidme todos! Dadme una rodela.[53]
Yo entonces le dije, tornándole a apartar:
—Señor, perderse ha V. Md. si hace eso, porque antes importa que todos V. Mds. entren sin espadas, y uno a uno, que ellos están en los aposentos y traen pistoletes y, en viendo entrar con espadas, como saben que no la puede traer sino la justicia,[54] dispararán. Con dagas es mejor, y cogerlos por detrás los brazos, que demasiados vamos.[55]