La vida del Buscon

La vida del Buscon

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

No puedo negar que sentí mucho la nueva afrenta, pero holguéme en parte: tanto pueden los vicios en los padres, que consuela de sus desgracias, por grandes que sean, a los hijos.

Fuime corriendo a don Diego, que estaba leyendo la carta de su padre, en que le mandaba que se fuese y que no me llevase en su compañía, movido de las travesuras mías que había oído decir. Díjome que se determinaba ir y todo lo que le mandaba su padre; que a él le pesaba de dejarme —y a mí más—. Díjome que me acomodaría con otro caballero amigo suyo para que le sirviese. Yo, en esto, riéndome, le dije:

—Señor, ya soy otro, y otros mis pensamientos; más alto pico, y más autoridad me importa tener.[24] Porque, si hasta agora tenía como cada cual mi piedra en el rollo, agora tengo mi padre.[25]

Declaréle cómo había muerto tan honradamente como el más estirado,[26] cómo le trincharon y le hicieron moneda,[27] cómo me había escrito mi señor tío, el verdugo, desto y de la prisioncilla de mama; que a él, como a quien sabía quién yo soy, me pude descubrir sin vergüenza. Lastimóse mucho y preguntóme que qué pensaba hacer. Dile cuenta de mis determinaciones. Y, con tanto, al otro día, él se fue a Segovia harto triste, y yo me quedé en la casa disimulando mi desventura.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker