La vida del Buscon
La vida del Buscon Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que le sucedió en él hasta Rejas, donde durmió aquella noche
Llegó el día de apartarme de la mejor vida que hallo haber pasado. Dios sabe lo que sentí el dejar tantos amigos y apasionados,[1] que eran sin número. Vendí lo poco que tenía, de secreto, para el camino y, con ayuda de unos embustes, hice hasta seiscientos reales. Alquilé una mula y salíme de la posada, adonde ya no tenía qué sacar más de mi sombra.[2] ¿Quién contara las angustias del zapatero por lo fiado, las solicitudes del ama por el salario, las voces del güésped de la casa por el arrendamiento? Uno decía: —«¡Siempre me lo dijo el corazón!»; otro: —«¡Bien me decían a mí que éste era un trampista!».[3] Al fin, yo salí tan bienquisto del pueblo, que dejé con mi ausencia a la mitad dél llorando, y a la otra mitad riéndose de los que lloraban.[4]