La vida del Buscon
La vida del Buscon —Yo soy examinado y traigo la carta,[52] y, por el sol que calienta los panes,[53] que haga pedazos a quien tratare mal a tanto buen hijo como profesa la destreza.
Yo, que vi la ocasión, metÃme en medio, y dije que no hablaba con él, y que asà no tenÃa por qué picarse.
—Meta mano a la blanca,[54] si la trai,[55] y apuremos cuál es verdadera destreza,[56] y déjese de cucharones.
El pobre de mi compañero abrió el libro y dijo en altas voces: —Este libro lo dice, y está impreso con licencia del Rey, y yo sustentaré que es verdad lo que dice, con el cucharón y sin el cucharón, aquà y en otra parte, y, si no, midámoslo.
Y sacó el compás y empezó a decir: —«Este ángulo es obtuso…». Y entonces el maestro sacó la daga y dijo:
—Yo no sé quién es Angulo ni Obtuso, ni en mi vida oà decir tales hombres; pero, con ésta en la mano, le haré yo pedazos.
Acometió al pobre diablo, el cual empezó a huir, dando saltos por la casa, diciendo: —«No me puede dar, que le he ganado los grados del perfil».[57] MetÃmoslos en paz el güésped y yo y otra gente que habÃa, aunque de risa no me podÃa mover.