La vida del Buscon

La vida del Buscon

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Qué! ¡No son aves! —dijo volviéndose a mí—. Mire V. Md. lo que es no saber. Déme los asadores, que no los quiero sino para esgrimir; que quizá le valdrá más lo que me viere hacer hoy, que todo lo que ha ganado en su vida.

En fin, los asadores estaban ocupados, y hubimos de tomar dos cucharones. No se ha visto cosa tan digna de risa en el mundo. Daba un salto y decía:

—Con este compás alcanzo más y gano los grados del perfil.[42] Ahora me aprovecho del movimiento remiso para matar el natural.[43] Ésta había de ser cuchillada; y éste, tajo.[44]

No llegaba a mí desde una legua y andaba alrededor con el cucharón; y, como yo me estaba quedo, parecían tretas contra olla que se sale.[45] Díjome al fin:

—Esto es lo bueno, y no las borracherías que enseñan estos bellacos maestros de esgrima, que no saben sino beber.

No lo había acabado de decir, cuando de un aposento salió un mulatazo mostrando las presas,[46] con un sombrero enjerto en guardasol y un coleto de ante debajo de una ropilla suelta y llena de cintas,[47] zambo de piernas a lo águila imperial,[48] la cara con un per signum crucis de inimicis suis,[49] la barba de ganchos con unos bigotes de guardamano,[50] y una daga con más rejas que un locutorio de monjas.[51] Y, mirando al suelo, dijo:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker