La vida del Buscon
La vida del Buscon —Pues este libro las dice —me respondió—, que se llama Grandezas de la espada,[37] y es muy bueno y dice milagros; y, para que lo creáis, en Rejas, que dormiremos esta noche, con dos asadores me veréis hacer maravillas.[38] Y no dudéis que cualquiera que leyere en este libro matará a todos los que quisiere.
—U ese libro enseña a ser pestes a los hombres u le compuso algún dotor.[39]
—¿Cómo dotor? Bien lo entiende —me dijo—, es un gran sabio, y aun estoy por decir más.[40]
En estas pláticas, llegamos a Rejas. Apeámonos en una posada, y, al apearnos, me advirtió con grandes voces que hiciese un ángulo obtuso con las piernas y que, reduciéndolas a lÃneas paralelas, me pusiese perpendicular en el suelo. El güésped, que me vio reÃr y le vio, preguntóme que si era indio aquel caballero, que hablaba de aquella suerte. Pensé con esto perder el juicio. Llegóse luego al güesped y dÃjole:
—Señor, déme dos asadores para dos o tres ángulos,[41] que al momento se los volveré.
—¡Jesús! —dijo el güesped—, déme V. Md. acá los ángulos, que mi mujer los asará; aunque aves son que no las he oÃdo nombrar.