La vida del Buscon
La vida del Buscon —Esos gavilanes habÃan de ser más largos, para reparar los tajos que se forman sobre el centro de las estocadas.[29]
Y empezó a meter una parola tan grande,[30] que me forzó a preguntarle qué materia profesaba.[31] DÃjome que él era diestro verdadero y que lo harÃa bueno en cualquiera parte.[32] Yo, movido a risa, le dije:
—Pues, en verdad, que por lo que yo vi hacer a V. Md. en el campo denantes, que más le tenÃa por encantador, viendo los cÃrculos.[33]
—Eso —me dijo— era que se me ofreció una treta por el cuarto cÃrculo con el compás mayor,[34] continuando la espada para matar sin confesión al contrario, porque no diga quién lo hizo, y estaba poniéndolo en términos de matemática.
—¿Es posible —le dije yo— que hay matemática en eso?
—No solamente matemática —dijo—, mas teologÃa, filosofÃa, música y medicina.[35]
—Esa postrera no lo dudo, pues se trata de matar en esa arte.[36]
—No os burléis —me dijo—, que agora aprendo yo la limpiadera contra la espada, haciendo los tajos mayores, que comprehenden en sà las aspÃrales de la espada.
—No entiendo cosa de cuantas me decÃs, chica ni grande.