La vida del Buscon
La vida del Buscon —Ello cosa mÃa es, pero no se ha hecho otra tal en el mundo, y la novedad es más que todo; y, si yo salgo con hacerla representar, será cosa famosa.
—¿Cómo se podrá representar —le dije yo—, si han de entrar los mismos animales, y ellos no hablan?
—Ésa es la dificultad; que, a no haber ésa, ¿habÃa cosa más alta? Pero yo tengo pensado de hacerla toda de papagayos, tordos y picazas,[29] que hablan, y meter para el entremés monas.
—Por cierto, alta cosa es ésa.
—Otras más altas he hecho yo —dijo— por una mujer a quien amo. Y vea aquà novecientos y un sonetos y doce redondillas —que parecÃa que contaba escudos por maravedÃs—[30] hechos a las piernas de mi dama.[31]
Yo le dije que si se las habÃa visto él; y dÃjome que no habÃa hecho tal por las órdenes que tenÃa, pero que iban en profecÃa los concetos.[32]