La vida del Buscon
La vida del Buscon De lo que hizo en Madrid, y lo que le sucedió hasta llegar a Cercedilla, donde durmió
Recogióse un rato a estudiar herejías y necedades para los ciegos. Entre tanto, se hizo hora de comer. Comimos, y luego pidióme que le leyese la premática. Yo, por no haber otra cosa que hacer, la saqué y se la leí. La cual pongo aquí por haberme parecido aguda y conveniente a lo que se quiso reprehender en ella. Decía en este tenor:
Premática del desengaño
contra los poetas güeros, chirles y hebenes[1]
Diole al sacristán la mayor risa del mundo y dijo:
—¡Hablara yo para mañana![2] Por Dios, que entendí que hablaba conmigo, y es sólo contra los poetas hebenes.
Cayóme a mí muy en gracia oírle decir esto, como si él fuera muy albillo o moscatel.[3] Dejé el prólogo y comencé el primer capítulo, que decía: