Los suenos
Los suenos —RÃete deso —dijo—. ¿Has visto tú alguacil sin escribano algún dÃa? No por cierto, que como ellos salen a buscar de comer, porque, aunque topen un innocente, no vaya a la cárcel sin causa, llevan escribano que se la haga, y asÃ, aunque ellos no den causa para que les prendan, hácesela el escribano, y están presos con causa. Y en los testigos no repares, que para cualquier cosa tendrán tantos como tuviere gotas de tinta el tintero, que los más, en los malos oficiales, los presenta la pluma y los examina la cudicia, y si dicen algunos lo que es verdad, escriben lo que han de menester y repiten lo que dijeron. Y para andar como habÃa de andar el mundo, mejor fuera y más importara que el juramento que ellos toman al testigo, que jure a Dios y a la cruz decir verdad en lo que les fuere preguntado, que el testigo se lo tomara a ellos de que la escribirán como ellos la dijeren. Muchos hay buenos escribanos y alguaciles muchos, pero de sà el oficio es con los buenos como la mar con los muertos, que no los consiente y dentro de tres dÃas los echa a la orilla. Bien me parece a mà un escribano a caballo y un alguacil con capa y gorra honrando unos azotes como pudiera un bautismo, detrás de una sarta de ladrones que azotan; pero siento que cuando el pregonero dice: «A estos hombres, por ladrones», que suena el eco en la vara del alguacil y en la pluma del escribano. Más dijera si no le tuviera la grandeza con que un hombre rico iba en una carroza, tan hinchado que parecÃa porfiaba a sacarla de husillo, pretendiendo parecer tan grave, que a las cuatro bestias aun se lo parecÃa, sigún el espacio con que andaban. Iba muy derecho, preciándose de espetado, escaso de ojos y avariento de miraduras, ahorrando cortesÃas con todos, sumida la cara en un cuello abierto hacia arriba que parecÃa vela en papel, y tan olvidado de sus conjunturas que no sabÃa por dónde volverse a hacer una cortesÃa ni levantar el brazo a quitarse el sombrero, el cual parecÃa miembro sigún estaba fijo y firme. Cercaban el coche cantidad de criados traÃdos con artificio, entretenidos con promesas y sustentados con esperanzas. Otra parte iba de acompañamiento de acreedores, cuyo crédito sustentaba toda aquella máquina. Iba un bufón en el coche entreteniéndole.