Los suenos
Los suenos —Si hay quien se condena por obras malas ajenas ¿qué harán los que las hicieron propias?
En esto iba cuando en una gran zahúrda andaban mucho número de ánimas gimiendo y muchos diablos con látigos y zurriagas azotándolos. Pregunté qué gente eran y dijeron que no eran sino cocheros; y dijo un diablo lleno de cazcarrias, romo y calvo, que quisiera más (a manera de decir) lidiar con lacayos, porque habÃa cochero de aquellos que pedÃa aún dineros por ser atormentado, y que la tema de todos era que habÃan de poner pleito a los diablos por el oficio, pues no sabÃan chasquear los azotes tan bien como ellos.
—¿Qué causa hay para que estos penen aqu� —dije.
Y tan presto se levantó un cochero viejo de aquellos, barbinegro y malcarado, y dijo:
—Señor, porque siendo pÃcaros nos venimos al infierno a caballo y mandando.
Aquà le replicó el diablo:
—¿Y por qué calláis lo que encubristes en el mundo, los pecados que facilitastes, y lo que mentistes en un oficio tan vil?
Dijo un cochero (que lo habÃa sido de un consejero, y aún esperaba que le habÃa de sacar de allÃ):