Politica de Dios y gobierno de Cristo
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¿Quiere ver vuestra majestad cuán gran descamino es, no digo yo tomar las sillas, los dos oídos del rey, sino sólo pretenderlas? Que obligaron a Cristo a que en lugar de concederles a sus discípulos, a sus parientes, las sillas que pedían, les concedió la muerte y el martirio sin pedirlo, diciendo: Beberéis mi cáliz; seréis bautizados con mi bautismo. Fue dar a Jacobo el cuchillo, y a Juan la tina. Así padecieron, aunque aquella muerte llena estuvo de favor y de gloria del martirio. No parezca a vuestra majestad rigor, sino regalo, conceder la muerte y el martirio a los que pidieron para sí lo que es para quien el Padre eterno tiene determinado, porque ellos piden como discípulos, y él da como maestro. Puestos tales en los reinos del mundo, pedirlos es tentar. La diferencia fue grande, pero piadosa; y así la aceptaron luego. Breve y docta proposición les hizo Cristo en pocas palabras. Cúlpalos porque piden las sillas, diciendo: «No sabéis lo que os pedís». Prosigue: «¿Podéis beber mi cáliz?». Responden que sí. Y el fervor de aceptarlo muestra que lo que ellos querían era el martirio, y que no supieron pedirlo; porque se viese que Dios sólo sabe dar lo que nos está mejor. «Moriréis mi muerte: sentaros a mi diestra y a mi siniestra no me toca a mí, sino a aquéllos a quien está prometido por mi Padre». Ser rico no es merecer: ser título o hijo de príncipe, no es suficiencia
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