Politica de Dios y gobierno de Cristo
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Dice pues (pondérese aquà la oposición): «Os quitarán los hijos, y los harán servir en sus carros». Él hizo que los carros, y caballos y caballeros ahogados le sirviesen de triunfo; él hizo para ellos el mar carroza, y para el contrario sepulcro. «Hará que vayan delante de sus coches». Y él hacÃa que la luz de noche para guiarlos, y las nubes de dÃa para defenderlos del calor, fuesen delante. «Hará que sean centuriones, y tribunos y gañanes, que aren sus campos y sean segadores de sus mieses, y herreros para forjarles sus armas y aderezarles sus carros». Él era para ellos capitán; y sus ángeles, y sus milagros, y sus favorecidos, y sus profetas tribunos y centuriones. Su voluntad fertilizaba los campos, y les daba las mieses que sembraban otros y cogÃan para sustento suyo. Él los daba en su nombre las armas, y en su virtud las victorias. «Hará que vuestras hijas le sirvan al regalo en la cocina y en el horno». Él mandaba que el cielo les amasase el maná, y en él les guisase todo el primor de los sabores. Hizo al viento su despensa, y que lloviese aves. Mandó que las peñas heridas con la vara sirviesen a su sed. Quiso, contra la nobleza de estos elementos, que hiciesen estos oficios postreros en todas las familias. «Quitaros ha vuestros campos, viñas y olivares, y todo lo que tuviéredes bueno, y lo dará a sus criados». Él los dio la tierra, y los campos que no tenÃan, y las viñas que con sus racimos dieron a los exploradores señas de su fertilidad; e hizo patrimonio suyo en sus prometimientos la mejor fecundidad del mundo. Él los quitó todo lo malo en la idolatrÃa, y obstinación y cautiverios, y los dio todo lo bueno en su ley; quitó lo precioso de los señores, que lo tenÃan, para darlo a los que eran siervos suyos. «Las rentas de vuestras semillas y viñas llevará en diezmos para dar a sus eunucos y a sus esclavos». Él recibÃa los sacrificios, diezmos y oblaciones, no para henchir sus locos, sus truhanes, sus esclavos, sino para darlos multiplicados el humo y la harina en posesiones y glorias, y adelantarlos a todas las gentes con maravillas. «Vuestros criados y criadas, y vuestros mozos los mejores, y vuestras bestias, os los quitará para poner en sus obras». Él, que para ninguna obra ha menester más de su voluntad, no sólo no les quitaba los criados y bestias, antes por más favor con los portentos de su omnipotencia los excusaba del trabajo, obrando por más noble modo. «Consumirá en décimas vuestros ganados, y seréis sus esclavos». Él se los multiplicaba, y tenÃa por hijos; y por esclavos a los que los perseguÃan y querÃan hacer siervos, como se vio en Faraón. Con ellos, como con hijos, obró las maravillas; por ellos en los tiranos ejecutó las plagas. ¿Quién podrá negar, por ciega secta que siga, por torpe que tenga el entendimiento, que este derecho de que Dios usaba con ellos era derecho de rey, de señor, de padre; y el otro de tiranos, de enemigos, de disipadores, de lobos? Tanto apetece en los dominios la novedad el pueblo, que no dejan uno y piden otro por elección, sino por enfermedad. Sea otro (dicen los siempre mal contentos), aunque no sea bueno, que por lo menos tendrá de bueno el ser otro. Dos cosas diferentes enseña esta doctrina: la una, que los reyes que usan de aquel derecho son persecución concedida a las demasÃas de los hombres. La otra consuela a los reyes que, imitando el derecho de Dios, se ven aborrecidos de sus vasallos; pues contra los deseos de vagabundos de la plebe, aun a Dios no le valió el serlo, como él lo dijo.
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