Politica de Dios y gobierno de Cristo
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Veamos cómo se cumplió esto. El propio libro nos lo dice, donde el Espíritu Santo se encargó de lo más importante en estas materias. Fue Saúl el rey que Dios les dio. «Era Saúl hombre escogido y bueno, y ninguno de los hijos de Israel era mejor; llevaba a todos los demás, en la estatura, desde los hombros arriba». Era escogido, era bueno; ninguno de los hijos de Israel era mejor antes de reinar; después ninguno fue tan malo. Pocas bondades y pocas sabidurías aciertan a acompañarse de la majestad, sin descaminar el seso y distraer las virtudes. Venía Saúl a buscar unas bestias que se le habían perdido a su padre; y para hallarlas buscó al varón de Dios, consultó a Samuel,
al que ve (éste era el nombre de los profetas). ¡Gran cosa, que para hallar bestias perdidas sigue a Samuel; y para gobernar el reino que le da Dios, desprecia al mismo profeta! Obedeciole en todo para cobrar los jumentos, y desobedeció a Dios para perderse así. Muy enfermizo es para la fragilidad humana el sumo poder; y si los que adolecen de sus demasías no se gobiernan con la dieta de los divinos preceptos, con el primer accidente están de peligro, y los aforismos de la verdad los dejan por desahuciados. Dijo a Saúl, en nombre de Dios, Samuel: «Ve, y destruye a Amalec, y asuela cuanto en ella hallares. Nada le perdones, ni codicies alguna de sus cosas; pasa a cuchillo desde el varón a la hembra, y el niño a los pechos de la madre; oveja, buey, camello y jumento». Enfermedad antigua es la inobediencia. Ésta en los primeros padres nos atesoró la muerte; en su vigor tiene hoy la malicia: nada ha remitido del veneno en la vejez y los siglos. Fue Saúl a Amalec, destruyola; mas reservó para sacrificar a Dios lo mejor que le pareció. Mal de reyes, tomar los sacrificios por achaque, y la piedad y religión y a Dios, para eximirse de la obediencia. No falta sacrificio, aunque vosotros os hacéis desentendidos de él: obedeced a Dios, y sacrificareisle vuestra voluntad que repugna a esta obediencia; que es más copioso, más noble sacrificio que vacas y ovejas hurtadas a la puntualidad de sus mandatos. El profeta lo dice: «Mejor es la obediencia que el sacrificio». Dijo Samuel a Saúl: «Porque desechaste las palabras de Dios, te desechó Dios para que no seas rey». Y Dios, viendo a Samuel compadecido de Saúl, le dijo: «¿Hasta cuándo lloras tú a Saúl, habiéndole yo arrojado para que no reine en Israel?». Samuel le dice que ya no es rey Saúl; y Dios le dice a Samuel que ya echó a Saúl porque no reinase. Cierto es que ya no era rey Saúl, porque ninguno es rey más allá de donde lo merece ser. De esta deposición de Saúl, pasó a elegir otro rey. «Tomó Samuel el vaso de olio, y ungió a David en medio de sus hermanos; y desde aquel día se encaminó a David el espíritu de Dios». Ése es buen principio de reinar, seguro incontrastable de las acciones del príncipe. «El espíritu del Señor se apartó de Saúl, y atormentábalo por voluntad de Dios el espíritu malo». Allí acabó de ser rey donde empezó a dejar el espíritu de Dios; y allí empezó a ser reino del pecado, donde se apoderó de él el espíritu malo.
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