Politica de Dios y gobierno de Cristo

Politica de Dios y gobierno de Cristo

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Pilato fue eminentísimo como execrable estadista. Las tres partes que para serlo se requieren, las tuvo en supremo grado. La primera, ostentar potencia; la segunda, incredulidad rematada; la tercera, disimulación invencible. Él ostentó la potestad con el propio Cristo Jesús, Dios y Hombre verdadero; con estas palabras 121 : «¿No sabes que tengo poder de crucificarte y que tengo potestad de librarte?». La incredulidad fue la más terca que se ha visto; porque Pilato ni creyó a su mujer, ni a los judíos, ni se creyó a sí; pues confesando que en él no hallaba culpa, le entregó para que le crucificasen. La disimulación, ¿cuál igual a lavarse las manos en público para condenar al inocente? ¿Quién negará de los que son pomposos discípulos de Tácito y del impío moderno, que no beben en estos arroyuelos el veneno de los manantiales de Pilato? No ha de pasar sin reparo la cautela de los judíos de nombrar a César y dar miedo a Pilato con los celos imperiales, para que condenase a Jesús. ¡Oh Señor! ¡Cuán frecuentemente los ministros aprendices de los fariseos y escribas, por hartar su venganza, por satisfacer su odio en el valeroso, en el docto, en el justo, mezclan en su calumnia el nombre de César, el del rey; fingen traición, publican rebeldía y enojo del príncipe, donde no hay uno ni otro, para que el César y el rey sea causa de la crueldad que no manda, de la maldad que no comete! Éstos hacen traidores a aquéllos que les pesa de que sean leales; y ruines vasallos a los que no quieren dejar de ser vasallos leales y bien obedientes. Costole a Cristo la vida esta treta. ¿Cuál será príncipe tan amortecido, que se persuada le saldrá barata?


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