Politica de Dios y gobierno de Cristo
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Descendamos a ponderar la disimulación grande del execrable estadista Pilato. «Tomando agua, se lavó las manos delante de todo el pueblo, diciendo: Yo soy inocente de la sangre de este justo: miradlo vosotros». Fingió con todo el aparato de la hipocresía; tomó agua, lavose las manos delante del pueblo. En estos renglones se tocan tantas trompetas como hay palabras. Lávase las manos con agua para manchárselas con sangre. Ninguno otro se condenó con tanta curiosidad. Séquito tiene este aliño: muchos son limpios de manos, porque se lavan; no porque no roban. ¿Quién ha dicho que con manos limpias no se puede hurtar? Pilato se preció delante de todo el pueblo de limpio de manos, y fue tan mal ladrón como el malo. Pegádosele había el melindre ceremonioso de los judíos, que murmurando de Cristo y de sus apóstoles, dijeron: «¿Por qué tus discípulos no se lavan las manos?». Éstos cuidaban poco de los pies, y mucho de las manos; y Cristo nuestro Señor cuidó mucho de los pies de sus discípulos, porque sabía cuánto riesgo hay en andar en malos pasos. Mandolos, enviándolos, que no llevasen calzado; cuidó del polvo de sus zapatos, mandando que le sacudiesen de ellos donde no recibiesen su evangelio y su paz. Lavolos a todos los pies, y dijo a Pedro no tendría parte con él si no se los lavaba; y mandó se los lavasen unos a otros. David, en el
Psalm. 90, que es el de todos los peligros, como «son los lazos de los cazadores, la palabra áspera, la saeta que vuela de día, el negocio que camina en las tinieblas, el demonio meridiano, el áspid, el basilisco, el león y el dragón»; para no peligrar en tantos peligros, se acuerda del pie (
Vers. 11 y 12), «porque a sus ángeles mandó de ti que te guardasen en todos tus caminos. En las manos te llevarán, porque no tropieces tu pie en la piedra». No hacían escrúpulos los judíos y Pilato de andar en malos pasos, y le hacían de no lavarse las manos.
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