Politica de Dios y gobierno de Cristo
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Hay tiranos de dos maneras: unos pródigos de la hacienda suya y de la república, por tomarse para sí no sólo el poder que les toca, sino el de las leyes divinas y humanas. Otros son miserables en dar caudal y dineros; y son pródigos en dar de sí y de su oficio; y pasan a consentir que les tomen y quiten su propia dignidad, por no perder un instante de ocio y entretenimiento. De aquéllos y de éstos hubo muchos en el mundo, cuyas vidas aun no consintió la idolatría; cuyas muertes quedaron padrones de la infamia de aquellos tiempos. La ley evangélica ha librado a las repúblicas de estos monstruos, que son castigo de los reinos e imperios donde no la reciben para salud y vida, o donde la han dejado, y la tuvieron los que son propiamente renegados de Dios. Cristo nuestro Señor no sólo dio a todos los que le pidieron, sino dijo: «Pedid, y recibiréis». Dio ojos, oídos, pies, manos, salud, libertad: esto a los vivos; y a los muertos vida. Dio sustento a los que necesitaban de él donde no le podían hallar. Mas es de advertir que todo esto da a los que faltaba todo esto: al ciego ojos, al sordo oídos, al tullido pies, manos al manco, al enfermo salud, al endemoniado cautivo del demonio libertad, a los muertos vida. Así se ha de dar, Señor: éste es el oficio del rey, dar a los suyos lo que les falta; no darles lo mismo que tienen, para que les sobre más ojos al que ve, más oídos al que oye, y así en lo demás. Esto se hace cuando el príncipe da sus ojos y sus oídos a otro para que vea y oiga por él, que es añadirle oídos y ojos (cosas que tiene) cuando le da sus pies y sus manos para que obre en su lugar, que es ocasionar que digan: «Es sus pies y sus manos». Nota que el común modo de hablar les pone no sin grave acusación.
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