Politica de Dios y gobierno de Cristo
Politica de Dios y gobierno de Cristo Dijo el Ángel «que en el día de su nacimiento se alegrarían todos». Esta promesa, como las demás, bien cumplida se ve en todas las naciones. ¿Quién no se alegra y hace fiestas al día en que nació ministro que come langostas, que viste pieles de camellos, que es voz del que clama en el desierto? Y por el contrario, ¿quién no maldice el día en que nació aquel ministro que a su rey hace voz en desierto, que es langosta en vez de comerlas, que viste pieles de vasallos, de león, de lobo y de oso? El santísimo Bautista tenía discípulos: enviolos a consultar a su Señor, y a preguntarle. El ministro ha de preguntar y consultar a su príncipe.
Lo que tocaba a Cristo era bautizar en el Espíritu Santo, y quitar los pecados del mundo, el apartar el grano de la paja, y quemar la paja. Dijo «que el que había de venir después de él era más fuerte que él, y que no merecía desatar la correa de su zapato». En ninguna cosa de las que pertenecían a la soberanía de Cristo, su Señor y nuestro, puso la mano, ni se introdujo en ella. Y enseñó no sólo a respetar al rey recién nacido, sino al rey antes de nacer. La niñez de los monarcas engaña el orgullo de los descaradamente ambiciosos, que, fiados en la menor edad, hacen y los hacen que hagan cosas de que cuando los asiste madura edad se avergüenzan, se arrepienten y se indignan.