Politica de Dios y gobierno de Cristo
Politica de Dios y gobierno de Cristo
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Otros muchos ejemplos pudiera referir; mas éstos son bastantemente ilustres, lastimosos y conocidos por los príncipes y los capitanes generales, y los sucesos. Y siempre que no se imitare lo que Gedeón ejecutó por mandado de Dios en dar licencia a los cobardes para volverse o quedarse, y a los valientes acomodados, se podrán repetir las calamidades referidas en ejércitos, y generales, y príncipes, y provincias. Cierto es que pues Dios con alistar mosquitos vence, y sin otro medio que quererlo, que pudiera vencer a los madianitas con los tímidos y acomodados, como con los trescientos valientes; empero hasta en lo que obra su poder nos enseña cómo hemos de obrar con el nuestro, sin excluir las causas naturales. Sepan los príncipes, que pues Dios, que para vencer no necesita de valientes ni cobardes, escoge valientes, que ellos no pueden vencer sin ellos. No han de presumir aun con ellos, y mucho menos valiéndose de los cobardes. Dios, que es (como dice el salmo) el que solo hace milagros, no quiso que fuese milagro todo, y se sirvió de ministros naturales. Nadie pretenda que todo sea milagro, que es antes persuasión del descuido que de la piedad religiosa. Peleó Gedeón y los trescientos, y en milagro tan grande tuvieron lugar y aclamación. Quien sirve y obedece a Dios, ni litiga el premio ni mendiga el sueldo. En el capítulo 7, al embestir (como acá decimos
Santiago, otros
San Dionís, otros
San Jorge) aclamaron igualmente
228
: «Espada de Dios y de Gedeón.» No se dedigna el Dios de los ejércitos de que la espada que pelea por él sea invocada con la suya. No sólo permitió que los soldados lo gritasen, sino que Gedeón se lo mandase. Con mucha elegancia dispone el parafrastes caldeo aquel grito, cuando Gedeón les mandó que dijesen
229
: «A Dios, y a Gedeón
230
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