Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara —Adiós, caballeros. Veo que realmente no quieren beber a la salud de mi tÃa. Aunque, a pesar de todo, lo merecÃa. Y su emplasto para las heridas de escopeta…
Pero, en ese instante, el cierre de la puerta interrumpió las palabras de despedida del conde, que, recogiendo un sombrero del suelo, exclamó de repente:
—¡Ah, mirad! Uno de mis amigos ha olvidado su sombrero. Sin duda lo necesitará en una noche tan frÃa.
Y diciendo esto, corrió tras el grupo, al que alcanzó ya en las escaleras del pórtico. El conde agarró de la mano al cabecilla y le susurró:
—¡Compañero! ¿Tan poco me conocéis para tomar mis burlas en serio? Sabed que dos de los que se sentaban a mi derecha son espÃas del Landgrave. No dudo de que el objeto de su visita es descubrir lo que vosotros, mis amigos, sin duda hubieseis arrojado en su camino, de no ser por mi continuo parloteo. Ahora no puedo quedarme. Volved después de la medianoche. Adiós.
Y entonces, con voz que llegase hasta los invitados de dentro, exclamó:
—Caballeros, mi tÃa, el abad de Ingelheim (abadesa, deberÃa decir), mantenÃa que las espuelas eran para los talones y el gorro para la cabeza. Por lo que, barón, os devuelvo vuestro sombrero.