Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara Por unos momentos reinó en el castillo un profundo silencio. Un reloj que había en la estancia lo interrumpió unos instantes al dar los cuartos. El Landgrave levantó los ojos y vio que eran más de las dos. Se levantó para retirarse a dormir y se quedó reflexionando un momento, con una mano apoyada en la mesa. Un leve sentimiento de temor le sobrecogió mientras sus ojos recorrían la oscuridad del otro extremo de la estancia, con el repentino pensamiento de que un ser tan misterioso, capaz de atravesar tantos obstáculos hasta el interior de cualquier mansión de Klosterheim, sería igualmente capaz de visitar el castillo. Es más, no era imposible que lograse penetrar hasta esa misma estancia. ¿Qué rejas podrían detenerla? ¿Y quién podía calcular la hora de su visita? Incluso podía haber elegido aquella misma noche. Estaba pensando esto, cuando el Landgrave observó una oscura figura que penetró en la estancia que había al otro extremo. La habitación tenía las dimensiones y proporciones de una galería y el extremo opuesto estaba tan alejado del candelabro que había sobre la mesa del Landgrave que sólo llegaban algunos rayos de luz. Sin embargo, eran suficientes para distinguir la silueta de una figura que avanzaba lenta y silenciosamente por la habitación. No podía decirse que la figura anduviese con sigilo; al contrario, sus movimientos, porte y maneras eran extremadamente dignos y solemnes. Pero daba la impresión de que sus propósitos eran furtivos debido al perfecto silencio de sus pasos. El movimiento de una sombra no hubiera sido más silencioso. Esta circunstancia fue la que le confirmó al Landgrave que estaba a punto de cumplirse su reciente deseo y que por fin iba a encontrarse con el misterioso ser, objeto de tanto temor y causa de un pánico tan extendido.